Dos de Septiembre
Viernes noche..
Había quedado con Nawja, una amiga polaca a la que bastante aprecio le tenía.Nawja no estaba pasando por una buena época con su novio, -americano de pura cepa- no sabía si estaban o no estaban, aparentemente lo segundo, así que salía más a menudo.
Me caía bien Kevin, solo había coincidido con el en un par de ocasiones pero era suficiente como para saber que no era un mal tipo.
Esa noche decidimos salir por una zona de bares a tomar unas copas.
Nawja me comentó que una amiga americana suya nos estaba esperando en el local.
Pero no mencionó que acompañada.
De pronto me vi en una mesa con cuatro personas, la amiga de Nawja, una pareja, y una chica pelirroja que se parecía a Miranda de Sex in the city, pero con el pelo largo; todos ellos americanos.
Sentí una incómoda vibración.
Me guío por energías y conexiones y en aquella mesa ambas eran negativas.
Nos sentamos, presentamos y saludamos.Hasta ahí, todo muy cordial, bonito y maravilloso.
Nawja, empieza a hablar con su amiga y yo me quedo un poco de lado.
La chica que hay a mi derecha tampoco habla, el chico que hay sentado a su lado -por lo que se ve, su pareja- ,mantiene una entretenida conversación con -vamos a llamarla así porque desconozco su nombre real- Miranda, la pelirorja cachonda.
Me siento apartada, ridícula, diminuta.
Llega mi cerveza y la devoro con ansias, necesito mucho alcohol para tolerar esto.
Ellas lo deben de notar porque cruzan un par de palabras conmigo, así sin éxito porque enseguida vuelven a lo suyo.
Intento participar en la conversación, de verdad que lo intento, pero dónde no hay conexión no la hay.
Dios, que situación más incómoda. Ya no sé ni dónde mirar.
Me pido una segunda cerveza.
Un pensamiento me invade, ¿y si me voy? ¿estaría muy mal hacer eso?
No habría inconveniente de no ser porque esa noche Nawja se quedaba a dormir en mi casa y había dejado su coche allí, sería una putada dejarla tirada, aunque por otro lado, me sentía utilizada.
Si tenía tantas ganas de hablar con su amiga americana a la que hacía tanto que no veía, ¿qué demonios pintaba yo alli?
Estaba decidida a largarme cuanto antes.
¿Cómo se lo decía a Nawja? no estaría bien irrumpir en medio de su conversación, y sería incómodo explicar mis razones delante de esa extraña gente a la que ni conocía.
Exactamente, no conocía de nada y me importaba un pichote -he dicho pichote?- lo que pensaran, probablemente no los volvería a ver en mi vida.
-Esto...Nawja, cariño, creo que me voy a ir.
-Char, por qué? - Nawja me miraba atónita, como si no se hubiese percatado de que yo allí sobraba-.
-Francamente no me siento a gusto -qué quieres que diga? ¿la compañía no es grata? ¿me siento sola y aburrida? ridícula? no me caen bien tus amigos? eso sería decir demasiado y no ser políticamente correcta, y había sido muy políticamente correcta, hasta la fecha-.
-Pero por qué? -deja de insistir joder, déjame ir!-.
-Puees...verás, -a ver, cómo te lo explico..- resulta verdaderamente incómodo tener que decir esto pero, -ya que lo preguntas- me siento apartada -ya está, ya lo he dicho- y además me aburro.
-Es por el lugar? luego vamos a ir a bailar un rato al bar de al lado, ¿quieres ir ahora? -
-Ya..- no es exactamente el lugar- no sé..no me encuentro a gusto, -no me tires de la lengua, no me tires de la lengua-.
-Pero, por qué??
-Mira, yo entiendo que tengáis muchas cosas que contaros, pero yo podría estar haciendo cosas más interesantes un viernes por la noche que no estar aquí viendo como corre el viento. -sus caras eran todo un poema-.
-Pero estamos aquí, conversando -querrás decir que tú y tu amiguita conversáis- y tomando unas cervezas.
-Bueno, esto..es que casi que me voy a ir con un grupo de amigos que están en otro lugar.
-Y qué pasa con mis cosas? ¿ Y cómo vuelvo a casa? -pues hija búscate la vida-.
-No sé..yo si quieres te dejo en mi casa y coges tu coche.
-No te preocupes, te puedes quedar a dormir en mi casa y mañana te llevo yo a recoger tu coche -la amiga americana-sabionda había hablado-.
-Oh Char, eres como Michaela -
Michaela solía ser la mejor amiga de Nawja hasta que, según ella, discutieron porque la chica en cuestión no era sociable, -y a Nawja le gusta adaptarse a la sociedad Estado unidense-.
En su momento le había dado la razón, hay que ser sociable, pero ahora podía entender perfectamente a Michaela.
No se trataba de ser sociable, se trataba de salir con una amiga que apenas te prestaba atención.
Hubiera sido lo mismo salir con un paraguas. Pobre Michaela.
Ya había salido con Nawja un par de veces y en todas había ocurrido lo mismo, pero siempre encontraba algo con qué justificarlo; es que había bebido mucho, es que vino con su novio..
No obstante, no me gustaba que me hubiera comparado con Michaela -a la que ni siquiera conocía- así que pensé que iba a darle una oportunidad a la noche, si hay algo que no soy es anti-social, y cedí a quedarme.
Maldita la hora.
Hora de cambiar de lugar.
La pareja nos abandonó -dichosos ellos- y Miranda, Nawja, su amiga la americana-sabionda y yo, nos fuimos a un bar dónde solíamos ir a bailar algunos fines de semana.
Entramos en el club.
Miranda, -la pelirroja cachonda- se alejó de nosotras dirigiéndose hacia un jovencito que por allí se hallaba.
Qué divertido, ahora me encuentro en medio de la pista entre Nawja y la americana-sabionda, la noche está dando de sí.
A Miranda se la ve muy acaramelada con su nuevo fichaje.
Media hora más tarde, cuando regresaba del baño, me la encontré sentada sobre el lomo de aquel jovenzuelo que se había ligado hacía una hora , y a la sabionda americana hablando con otro individuo, en la zona vip, -dos metros de ancho separados por una ridícula cinta negra y dos sofás mal puestos.
Como no vi a Nawja por ninguna parte, y el panorama no invitaba a acercarse, me dirigí hacia la salida y llamé a mi amiga -estaba empezando a dudar si amiga o conocida- por teléfono;
-Dónde estás?
-En el baño.
Ya he tenido suficiente por hoy, me voy a casa, ¿te vienes o te quedas?
-Espera que salga y nos vamos a casa.
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